Primicia, es posta, me pasó anteayer.
Caminaba tranquilo por la calle, en plena luna llena, acababa de salir del taller de Poesía, mi caminar era ensimismado, estaba recreando mentalmente los diálogos entablados en el taller; en eso se me acerca un tipo de media altura, morrudo, vestido de negro y llevaba un pasamontañas blanco que cubría su cara. Al principio tuve una mezcla de emociones raras, de susto y de humor, pensé que podía ser un amigo haciéndome una joda o algún desconocido con ganas de hacer un chiste. Pero no era ninguna de las dos. El chabón alzó el brazo y me apuntó con un arma muy extraña, todavía sin decir nada pero amagando a algo. Me reí, fue un gesto dudoso.
- ¿Qué no reconoces el arma máster? preguntó el tipo, como irónico.
- No, la verdad que no. - respondí medio desafiante mientras seguía caminando.
Para qué! El flaco no titubeó, encañonó el arma a mi a cara y textualmente y con terrible determinación dijo:
- ¡Pibe callate la boca, quedate quieto y hace caso!
Lo miré a los ojos y me detuve, lo note encolerizado, la cosa iba en serio.
- ¿Qué pasa?- pregunté con voz quebradiza y temerosa.
Y con una furia infernal que no había escuchado nunca me grita:
- ¡Flaco! O me das todas tus poesías o te convierto en pura prosa de un tiro!-
Me estremecí. Sentí horror y pensé: debo estar viviendo el asalto mas peligroso del planeta.
Supliqué corriera de mi cara semejante arma y le dí todo, tanto mis poesías como cuentos cortos. La idea escalofriante de la prosa inmaculada me aterraba.
Más encima el garca se fue y me tiró unos mangos.
Malditos ladrones de la modernidad. Ayer hice la denuncia. Hoy es primera plana en todos los diarios.
Terror en la ciudad.
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