viernes, 9 de septiembre de 2011

Irrumpen las letras en el blanco vacío de la página. Como hojas a merced del viento se agitan del cuaderno, y con magia que no entiendo resbalan por sus acantilados de papel para inscribirse en el aire que respiro. Ahora mis pulmones están llenos de letras vivas que viajan por sangre hacia una mano analfabeta. Brotan de mi palma símbolos inciertos, y como lentas lágrimas caen hacia el papel originario. 

Yo nunca escribí nada, cuando respiro rescato el eco de todas las palabras dichas, Ellas pasan por mí, y se vuelcan para mi asombro de un modo misterioso en la solitaria hoja que me hace.

Me pregunto, ¿Qué lenguaje habla la mano para que como estigmas deje aparecer mensajes que no son míos? 

Nuestra voz son las voces de todos los tiempos.

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