Confinada a la triste monotonía de una figura,
no es imposible que odies la geometría.
Eterna y circular, la piscina es el mundo.
Nada hay de impredecible allí,
Vano es cada rumbo, cada absurdo destino.
¿Seran azules todas las cosas?
¿para qué mis ojos? ¿para qué mi cuerpo?
Cada paso es el anterior y el siguiente
de un laberinto sin trampas y sin salida
de pronto la belleza de la vida,
la rutina, la nada y la muerte.
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